¿Cuántas veces no has jugado a tirarte espigas cuando eras pequeño? Las que se quedaban pegadas en la camiseta era el número de novios que ibas a tener de mayor. Pues las aparentes inofensivas espigas, no lo son tanto. Por lo menos para nuestros perros, ya que pueden derivar en consecuencias preocupantes para su salud.

El peligro de las espigas para el perro

No caí en su peligrosidad hasta que un día estaba esperando en el veterinario mi turno para vacunar a uno de mis perros, cuando entró un Pitbull y todo el personal exclamó: ¿otra vez las espigas? El pobre animal llevaba espigas en los oídos, almohadillas de las patas y ¡dentro de la nariz! Y entraba de urgencia, así que tuve que esperar algunos minutos más mi turno.

Las espigas son peligrosas cuando se secan, entre mediados de la primavera y comienzos de verano. Lo recomendable sería que durante este periodo evitaras pasear o dejar que tu perro pasee por campos donde haya espigas, de lo contrario, puedes verte obligado a acudir de urgencia al veterinario.

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¿Por qué son tan peligrosas las espigas?

  • Su forma puntiaguda y pegadiza provoca que le sea fácil enredarse en el pelo del perro, pero también introducirse en la piel. Y no solo la piel: también entre las almohadillas de las patas, en oídos, nariz, boca y hasta ojos.
  • Su peligro no es porque sean urticantes, sino porque al penetrar en la piel producen escozor y el perro hará lo imposible para calmar esa escozor: agitará la cabeza con fervor si tuviera la espiga en el oído, se ayudará de las patas produciéndose heridas de diversa consideración en el hocico si estuviera alojada en nariz, boca u ojos, se lamería y mordería las patas si tuviera alguna pinchada…
  • Si no reparamos en desprender la espiga esté donde esté, se puede producir una ulceración con pus derivando en una infección bacteriana.

Por tanto, es muy importante que durante la época en la que las espigas se desprenden, evitar acudir al campo o zonas como jardines o parques donde pueda haber, cepillar siempre al perro tras haber estado en contacto con espigas y ante cualquier duda acudir al veterinario.

Si ves la espiga puedes probar de quitarla con unas pinzas y aplicar agua oxigenada (solo si es en la piel) y en cualquier otro sitio, la veas o no la veas, es mejor que lo dejes en manos del veterinario, sin duda, el mejor profesional que podrá ayudar a tu perro: una tarea rápida, indolora y eficaz.

¡Tu perro ya podrá volver a correr y jugar por el mundo!

Sandra Ferrer.
Creadora del Programa de Educación Canino “Cómo Educar a un Cachorro”

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